Néstor Valdivia: Te espero. Cuento

Nes Original completoTe esperaré como siempre de 11 a 12 de la noche. Esperaré como un idiota, ese estado subconsciente y anormal, dependiendo del caso, capaz de darte un amor contrariado y sé que no llamarás pero, así, seguiré esperando una llamada tuya para salvarme de la madrugada larga que ya no sabe de movimientos oculares rápidos, ni sueños húmedos, ni ronquidos.

Este sábado te seguiré esperando, así me acueste con esa chica de la cual jamás sabrás su existencia, a la que conocí en el matrimonio que te dije no iría. La llamaré y nos veremos en el mismo lugar de siempre. La desvestiré y tiraré por ahí sus prendas. Luego del primer encuentro y en el mismo orden en el que yo se las quité las irá acomodando sobre el mueble del frente de la cama. Primero tomará el polo con el escote de espalda descubierta, luego el pantalón jean de color indeterminado. Seguirá con el sostén de encaje transparente, con las medias y finalizará con el calzón diminuto de tiras que cuando las llevaba puesta sólo le cubría el triángulo ensortijado. Las irá doblando con la parsimonia de una artesana y con la templanza de una mujer cuajada y experimentada sin el mínimo resquicio de pudor a ser vista a cuerpo entero, a luz encendida, como suele ser cuando se ama a ciegas o cuando ya nada importa. Y cuando vuelva a la cama, cerraré los ojos pensando que eres tú la que está debajo de mi, sobre mi, transversal a mi.

A ella le diré que me dio el mejor polvo de mi vida, que nunca he visto unas tetas iguales, que su concha sabe a cielo y que sin ser nalgona (Lástima que no se parezca a ti en eso) tiene el mejor trasero que cualquier hombre en su sano juicio de arrechura pueda decirle a una mujer. No hay expresiones más honestas y naturales que producen la sensatez de las hormonas alborotadas por el alcohol.

Me despertaré pasada la media noche, mientras las luces del letrero de neón del hotel se filtran por las ventanas, y viéndola como duerme en la placidez de una noche complaciente, dándome la espalda, sentiré lástima de mi mismo y de ella  porque sabré que acostarme con alguien no me da la seguridad de dormir acompañado, a pesar que ella, cada vez que conversamos en los interludios de nuestros acompasados encuentros,  piense lo contrario. No me preocuparé en apagar el celular a las 7am mientras se esfuerce en el mañanero. Me bañaré con ella. Enjabonaré su espalda comparando sus costillas con tus hendiduras y me excitaré con su retaguardia ya vencida. Me la tiraré otra vez antes de entregar la llave y el control remoto de la habitación. Pagaré la cuenta del hotel, los condones que no usé, el agua mineral que tomé y el vino que usé para deshinibirla porque todo se ve y suena más paja con alcohol.

Desayunaré con ella, como cada domingo lo hago: Un juguito de papaya, un café y un mixto caliente.

La veré llorar, como siempre, mientras reviso mi bandeja de mensajes en el teléfono celular. No la consolaré. Le pasaré una servilleta, ya que soy un caballero, para que limpie sus mocos y me veré reflejado en ella. Porque sus lágrimas también son las mías. Le haré tomar el taxi sin el compromiso de pagar el servicio. Le daré un “gracias” y un guiño, sabiendo que nunca se agradece un polvo, suele ser humillante. Se despedirá con un beso volado y en un gesto gracioso se lo devolveré, nunca dejo que me bese en los labios, es la cosa más infiel que uno puede hacer. Sé que ella en su camino, esperará de mi como yo de ti una llamada, un mensaje pero eso no pasará.

Te llamaré a las 11 am sabiendo que tu ya prendiste tu celular, como siempre lo haces los domingos a ésta hora y te preguntaré: ¿Cómo te fue?. Sé que me mentirás pero me sentiré feliz escuchándote decir que no hiciste nada especial, porque lo único que necesita un corazón para ser feliz es sentirse engañado por la razón.

Escucharé tus lamentos, tus temores, tus indecisiones y tus quejas de lunes a jueves.

Creeré que estamos bien pero será falso. El viernes buscarás la excusa perfecta para no contestarme y yo a mi libreta de números. Encontraré a la chica  indicada de tetas grandes y rasurada a disposición. Marcaré el número elegido. Me preguntará: ¿Qué ha sido de tu vida? Y un par de horas después estaré observando la sincronía del ventilador del techo de un hotel de habitaciones sin adornos ni agua caliente ni canal porno, procurando contar las revoluciones de las aspas en un tiempo determinado en el que, luego, me toque tomar la postura correcta para que mi pareja eventual cierre los ojos y se concentre, innecesariamente, en el placer que le da mi lengua.

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