Néstor Valdivia: Te extraño. Poesía

Extraño tu modo tan formal de vestir
también la huachafería de tus días rojos con tus blusas atigradas.

Extraño, como no, ese olorcito que tiene tu cuello sin perfumes
más que los estrógenos que me lograban una constante media erección por todo el día.
Tus gemidos de gata reprimida en cuerpo de yegua necesitada de jinete
que nunca supe espolear.

Tu trote, tu coz a las tres am, en tu ebriedad de dos catedrales y a cuatro patas.
Como te extraño carajo.

La dulzura de tus pezones grandes y acocotados como toffees.

Tus nalgas sopesadas en tangas de algodón barato de elásticos vencidos.

El alcohol tenía esa cualidad mórbida de translucirte las carnes y mostrarte tal cual,
como la grasa al papel que descubre una hamburguesa,
como el agua a los polos blancos que usabas después de las duchas a las seis de la mañana,
ese momento mágico en que la luz entraba por las persianas
y te iluminaba como a un ángel pero sólo por cinco escasos minutos,
mientras enfundabas tus pieles cremosas de treintañera
en esos jeans ajustados que tan bien te marcaban la línea del hilo dental
que solía oler por horas después que llegabas a cenar.

Extraño, incluso, tu modo tan informal de no quererme.

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