Néstor Valdivia: Tatuada en mi. Poesía

Todas mis tristezas están tatuadas de tu olor,
vivo impregnado con tinta de la savia de tu sudor en cada uno de mis poros,
en mis ojos negros y mis palmas de dedos fatigados.

Me inyectaste con tus líquidos de soprano nocturna,
envolviéndome en mortaja de lino seco,
tumba de sueños, de amor desahuciado.

Voy muriendo lento con tu aliento que no me llega,
hálito de muerte y de vida mía, mía.

Te extraño en cada paso que me lleva al dormitorio,
cueva lúgubre de almanaques sin hojas,
mujer de caricias mansas y besos implacables.

Si morir es volver a vivir,
quiero fallecer en tu orgasmo eterno,
renacer entre tus senos cada mañana,
hasta el infinito instante que despiertes
y enfundes tu alma con la cremosa piel de tu cuerpo.

En algún lugar,
en algún país,
en algún escondite,
en algún tiempo donde creas haber refugiado tu corazón,
escucharás mi voz queda,
golpeará como un trueno tus oídos y tu ojos
y otra vez volverás a palpitar desnuda,
en mis manos que temblarán por la promesa incumplida de ya no dejarte ir nunca más.

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