Néstor Valdivia: El amor también apesta. Relato corto

 

Nes Original completoSofía quería convencerse de que los besos de lengua con mordida de labio y sobada de teta en la Plaza Francia, tenían algo de especial. Que los gatos -pequeñas esfinges inmutables a la llovizna- no lloraban de hambre, sino que maullaban alegres en coro, acompañando sus gemidos y posteriores lamentos ahogados en sus recuerdos y alcohol, y que toda esa atmósfera de romanticismo pecaminosa era lo único que tenía con ese pequeño ser al lado, de cabello largo y corazón pétreo.

 

Así, al cabo de un tiempo había terminado por aceptar que la pichi de su estoico compañero, absorbida por las bastas de su pantalón, era más que el reflujo de la vejiga de su amado, era la señal perentoria de que el amor apesta y que, con el alcohol, todo es soportable.

 

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